Breve historia de la Inteligencia Emocional

Las raíces de la IE pueden ser rastreadas hasta el concepto de Inteligencia Social de Thorndike (1920), que contemplaba la capacidad para entender y gestionar personas y para actuar sabiamente en las relaciones humanas.

Raíces próximas de IE se apoyan en el trabajo de Gardner (1983) sobre las inteligencias múltiples y, más específicamente, en sus conceptos de inteligencia inter e intrapersonal. Según Gardner (1999), “la inteligencia interpersonal denota la capacidad de una persona para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas y, consecuentemente, para trabajar de manera efectiva con otros”.

En contraste, “inteligencia intrapersonal envuelve la capacidad para comprenderse a uno mismo, de tener un modelo efectivo de trabajo propio –incluyendo los propios deseos, miedos y capacidades- y para utilizar esa información efectivamente en la regulación de la propia vida. Como término, Inteligencia Emocional apareció varias veces en la literatura (Greenspan, 1989; Leuner, 1966; Payne, 1986), antes del primer modelo formal introducido por Salovey y Mayer (1990).

Estos investigadores llevaron a cabo, además, los primeros estudios empíricos (Mayer, DiPaolo, & Salovey, 1990). El influyente libro de Goleman (1995) popularizó el constructo y repercutió la mayoría de las subsecuentes conceptualizaciones científicas de IE. Por esta razón, siguiendo el modelo propuesto por Mayer y Salovey y especialmente luego del best-seller de Goleman, surgieron muchos modelos de IE.

En resumen, el estudio de la IE se ha convertido en un acercamiento integrador y coherente a las relaciones existentes entre las emociones y el razonamiento. Durante los ’90 los esfuerzos eran dedicados al desarrollo del constructo y de instrumentos para medirlo y para determinar diferentes acercamientos teóricos.

El siglo 21 comienza con una explosión de la investigación empírica verificando la contribución de las capacidades emocionales a la vida de las personas. Sin duda alguna, este crecimiento en el número de estudios es un buen indicador de la importancia de otros tipos de inteligencias, revelando nuevos potenciales latentes en los seres humanos.

Un nuevo y esperanzador campo de investigación aplicada se abre a futuros científicos sociales quienes tendrán como tarea principal determinar el verdadero valor que la IE tiene en los diferentes campos de nuestras vidas y de adecuar métodos para medir la IE con validez.

Fuentes:

Psicothema, edición especial sobre Inteligencia Emocional, 2006 Vol.18. www.psicothema.com

Pérez, J. C., Petrides, K. V., & Furnham, A. (2005). Measuring trait emotional intelligence. In R. Schulze and R. D. Roberts (Eds.), International Handbook of Emotional Intelligence. Cambridge, MA: Hogrefe & Huber.


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